José Martí y su vinculación a la Educación Social.

Autor: Carlos Gómez.

Educar es dar al hombre las llaves del mundo, que son la independencia  y el amor, y prepararle las fuerzas para que lo recorra por sí, con el paso alegre de los hombres naturales y libres”.

José Martí

El educador social es un agente educativo que interviene en la realidad sociocultural para mejorarla y ayudar en la emancipación de personas con dificultades sociales o en riesgo de exclusión social. Esta figura surge a finales de los años 80 en las sociedades capitalistas, afianzándose en la década de los 90, como respuesta a la necesidad social de una figura diferente al trabajador social, es de gran necesidad ya que es mediador entre la población y el Estado.

Martí adquirió el conocimiento  sobre la realidad americana, su historia, su cultura y tradición de pensamiento humanista  desde su niñez en Cuba, hasta su madurez en los Estados Unidos, pero obedece de una forma muy peculiar a las impresiones recibidas en sus estancias en México, Guatemala y Venezuela. Estas  experiencias  constituyen fuentes indispensables para la conformación del concepto “Nuestra América”, e influye de modo trascendente en su quehacer intelectual, fundamentalmente en sus concepciones sobre la educación.

Inspirado en las ideas bolivarianas, durante la preparación de la guerra necesaria, para Martí cobra relevancia  conocer e investigar no solo la naturaleza de las formas políticas de nuestros pueblos, sino también el tipo de educación que debían recibir nuestros jóvenes para transformar las estructuras económicas dependientes y lograr la integración continental, como vía para evitar los peligros potenciales de absorción por parte del imperialismo norteamericano.

La escuela desempeñaba en este contexto un papel preponderante en la conformación de los estados nacionales, y surge así un movimiento educacional latinoamericano cuya idea central era la modificación de la escuela pública, y en el cual participa de forma destacada el intelectual argentino Domingo Faustino Sarmiento, quien consideraba como fin último de la educación, aumentar cada vez más el número de los individuos que la poseían y propender a una enseñanza utilitaria, racional y científica.

Entre una alternativa optimista de la educación popular y una concepción fatalista acerca de la incapacidad natural de los americanos del sur para el trabajo industrial, Sarmiento optó por entronizar una educación utilitaria, cuyo fin esencial era modernizar la economía, y suplir las deficiencias de la población  nativa con la atracción de inmigrantes de países desarrollados. El sistema educativo cobró impulso, aunque adoptando modelos de vida europeos, mientras se combatían las formas de vida de cada una de las comunidades extranjeras asentadas en su territorio.

En Cuba, se comprende al educador social desde una perspectiva más amplia, que no se limita a los que cumplen determinada función en la sociedad, a una profesión determinada, sino a los que desde su ejemplo personal con su conducta y su acción educan.

De una manera indirecta, por medio de la producción de obras de diferente contenido y naturaleza: artículos, ensayos, canciones, poemas, novelas, tratados, cuadros, obras musicales, y teatrales, etc. Los grandes creadores han ejercido influencia en generaciones que a veces les quedan distantes de su momento histórico y han desempeñado un rol de educador social, a través de sus obras. Por ejemplo, José Martí, “La Edad de Oro”; José María Heredia, su poema “Al Niágara”; Wilfredo Lam, Amelia Peláez, René Portocarrero, Virgilio Piñeira entre otros.

 El educador social, es por tanto, un verdadero educador del pueblo, pero consciente de que la educación de las masas es solamente posible a través de la educación del individuo. Dado el alcance y vigencia del pensamiento martiano, adquiere relevancia en el devenir de la sociedad contemporánea, latinoamericana, y fundamentalmente, de la nación cubana. Para Martí el desarrollo económico y la liberación ideológica de los pueblos que habían sido colonizados, eran condiciones inexcusables para preservar la independencia  política y para  impedir la imposición de patrones culturales,  basados en el consumismo irracional, la exaltación del individualismo y la homogeneización de la cultura. Y es que, ya lo advertía el maestro Cintio Vitier (17), no solo puede importarnos las virtudes, cívicas o épicas, a gran escala, porque si algo debemos rescatar de nuestras mejores tradiciones son las buenas costumbres, la moderación en nuestras expresiones y los valores en las relaciones sociales. Si algo nos indican las profundas anticipaciones martianas, es que en el campo de la educación y la cultura no hay problemas menores ni triviales.  Si bien  la formación humana en el sentido martiano desarrolla una cultura de la razón y los sentimientos: una cultura del ser, y no del tener, capaz de enfrentar la globalización  neoliberal que amenaza con sustituir nuestras costumbres y nuestro peculiar modo de ser, y con absorber nuestra cultura, también puede liberarnos de la incultura en las formas de vivir, sin la excusa tan extendida de que es  un mal contemporáneo universal. La advertencia martiana, pareciera escrita para el día de hoy: “…el espíritu humano tiene tendencia natural a la bondad y a la cultura, y en presencia de lo alto, se alza, y en la de lo limpio, se limpia…” (18). Alcémonos con Martí por una educación verdaderamente revolucionaria,  tan inseparable de la inteligencia, como del cultivo y dirección de los sentimientos, y cuya meta más alta sea la vida como servicio y como poesía.

Referencias:

  1. José Martí. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, Tomo 12, pp. 290-291
  2. José Martí, Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, la Habana, 1991, Tomo VI, p.254
  3. José Martí. Ob. Cit. Tomo 8, p. 428.
  4. José Martí, Ob Cit, Tomo 19, p. 375
  5. José Martí, Ob Cit , Tomo 22, p. 308
  6. José Martí. Ob Cit, Tomo 4, p. 398.
  7. José Martí, Ob Cit, Tomo 13, p, 53
  8. José Martí, Ob Cit, Tomo 1,
  9. Pedro Pablo Rodríguez. De las dos Américas. Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2002, p.71
  10. José Martí, Ob Cit, Tomo 19, p. 159-160
  11. José Martí, Ob Cit, Tomo 7, p.209-210
  12. José Martí, Ob Cit, Tomo 6, p. 20
  13. Ibídem,  Tomo 8, p. 289.
  14. Ibídem
  15. Ibíd., Tomo 10, p.63
  16. José Martí, Ob Cit, Tomo 8, p. 430.
  17. Cintio Vitier. “Martí, Bolívar y la educación cubana”. En: Juventud Rebelde, La Habana, 3 de enero de 2007, p. 4.
  18. José Martí, Ob Cit, Tomo 15, p. 390

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